domingo, 23 de octubre de 2011

Noruega. El sol de medianoche.


Pues eso es el sol de medianoche. Ya esta.
En este lugar, situado al norte de los norteres del mundo, en el último lugar, de latitud y esas cosas habitado, si caminaran mas al norte, (Si supieran caminar por el mar artico), te encontrarias directamente el polo norte, valga la redundancia.

Ademas de algunas esculturas para unicef, y la bola tipica que pondre a continuación, de este ameno y entretenido relato, hay un enorme edificio con cafeteria, tienda de souvenir y un mirador alucinante, para en los dias de invierno, contemplar las auroras boreales, suponiendo que alguien tenga redaños, para ir, con el frio que hacia en agosto, en diciembre no lo puedo de imaginar.

El sol de medianoche, consiste en ver el sol en la linea del horizonte, en tres minutos ver atardecer,  y un minutos despues aparece de nuevo el sol, amaneciendo. La foto esta tomada sobre las 23:30 de la noche. Minutos mas, minuto menos.


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Nepal. el templo de Khali


Es curioso lo que nos ocurre cuando salimos de viaje. Eres incapaz de pasear segura por la mayor avenida de tu ciudad, pero en cuanto pisas tierra extranjera, te dices, ya estoy a salvo.

En Nepal, alquilamos un taxi para las amigas que ibamos, tres marias. Le pedimos al taxista que nos llevara a un lugar no frecuentado por turistas, y nos llevo al templo de Khali, el dios de la muerte, alli sacrificaban gallos cuya sangre mezclaban con arroz y petalos de flores para rociar, la especie de altarcillo de Khali. Alli no habia mas turistillas que nosotras. Absolutamente fascinante.

Alli el unico que nos perseguía en busca de foto,  era esta especie de ave carroñera. Se debio pensar que pasariamos a formar parte del sacrificio en algún momento, nosotras también llegamos a pensarlo.



 Era bastante mas grande de lo que parece.

sábado, 22 de octubre de 2011

La india. El taj majal

Después de que Lady Diana Spencer, princesa de gales, se hiciera la famosa foto, frente al mausuleo que se construyo como simbolo del amor más alla de la muerte, es parada obligada del turista, sentarse en el mismo lugar. Casi todos en mi grupo consiguieron hacerse la foto a solas, o en pareja.

Gracias al guia consegui que al menos se levantaran del banco, todos estaban deseando hacerse la foto conmigo.

Después me toco posar con casi todos ellos. ¿Les recordare al Dios ganhesa?

La india. La esperanza sin niños.



La India tiene sus sombras, que acechan alargadas sobre la pobreza. A veces, ni la luz de las risas pueden con ellas.



La india. Un Elefante peculiar.


Si nos fijamos en la foto, especialmente en los elefantes, vemos que solo el que nos carga a nosotras tiene un palito en la trompa.

Al elefante le venia al pelo lo que suele decirse del tonto y la tiza, se acaba la tiza y sigue el tonto.

Para montar en el pobre animal, tenías que subir a la altura de un piso, desde alli, haciendo malabarismos y equilibrios te sentaban en aquella especie de alforja, pueda dar cosa, pero el mecanismo es sencillo, a menos que el elefante, como en este caso, decida olfatear y sobetear la carga con la trompa.

Cada vez que intentabamos dar el salto para acomodarnos, aparecía la trompa del animal, puede parecer mona, incluso graciosa, pero cuando la ves dirigiendose a tí, sin conocer sus intenciones, es bastante desconcertante.

Evidentemente el trasporte de personas por elefante, es un negocio reconocido en la India, y estabamos provocando un atasco considerable, asi que al conductor, (jinete, chofer...) se le ocurrió darle una varita al animalito. Subio la trompa para mirar la varita, volvio la cabeza para mirarnos a nosotras, y decidió que era mas divertido jugar con un palo.
Aquello mejoro considerablemente el tráfico elefantil de la zona.




viernes, 21 de octubre de 2011

La india. La turista turisteada.



 La anécdota más divertida y constante en el viaje, fue durante las visitas a los lugares de interés.

Empezó, cuando una familia de turistas hindúes se acercó a mí, mido 1,75 centímetros, los adultos eran pequeños, el varón de la familia me llegaría por encima del codo sin aproximarse al hombre demasiado, la mujer apenas sobresalía del codo, y los niños se perdían por debajo de mis rodillas. Me sonreían con la risa en los ojos. El hombre me señalo, señalo a su familia y me puso la cámara de fotos delante de mis narices.

El idioma universal de los signos. Trate de coger la cámara de fotos del hombre, empezó un pequeño forcejeo. De esos inconscientes, donde tu mente procesa varias ideas al mismo tiempo, “quiere foto””¿Por qué no suelta la cámara?””Piensa que quiero robarle la cámara, que no sé hacer fotos””¿Qué le pasa a este tipo, porqué no suelta la cámara?”.

Entonces el guía del grupo, con el entrecejo ligeramente ondulado, me miro a mí, miro a la familia. Hablo con extraños sonidos, el tipo de la cámara hablo también. El guía empezó a reír.

. Quiere hacerte una foto con su familia.- me dice el guía.

Suelto la cámara. Pues yo soy como un perro de presa. No era consciente de estar aferrada a ella. Sonrió.

. Vale.- digo.

El guía habla con el padre de familia, quien está dispuesto a dejar su preciosa cámara en manos del guía, y entra en plano. Se hace la foto. Me reverencian de nuevo, el guía entrega la cámara al turista aborigen, y cuando tratamos de volver junto al grupo, se había formado una  fila de familias que querían  fotografiarse conmigo.
Como soy optimista por naturaleza, quise creer que fue mi risa la que llamo su atención, pensar otra cosa seria muy triste.




Del Capitan Tan,

Si os suena el citado nombre. Chiton. Si no os suena, os dire que es un personaje, del siglo pasado,  que amenizo la infancia de algunas personas, mucho mayores que yo. Pero mucho, mucho.
Como él, he decidido contaros mis experiencias viajeras a lo largo y ancho de este mundo.

Esto va a ser mejor que ver el video de boda de un amigo, no mucho mejor, pero mejor.

Antes de iniciar esta peculiar singladura por el mundo de los aromas, las sensaciones y las sorpresas que pretendo compartir con vosotros, debo hacer una terrible confesión. No me gusta viajar.
Odio esperar en los aeropuertos, los largos trayectos en tren, los autobuses, dada mi altura, mis rodillas acaban amoratadas despues de varias horas de trayecto, de rozamiento constante con el asiento delantero.  
Pero todo, todo, compensa cuando llegas al destino. Casi siempre. Como en la vida y en los sueños.